El Estrecho de Ormuz ha reabierto al tráfico limitado de barcos tras dos semanas de tregua entre Estados Unidos e Irán, aunque el movimiento sigue siendo un 95% inferior a los niveles normales, con aproximadamente 800 barcos aún varados en el Golfo Pérsico.
Desde que entró en vigor la tregua, solo ocho cargueros de materias primas cruzan diariamente por esta vía estratégica, en comparación con el tráfico habitual en tiempos de paz. Este estrecho de 34 kilómetros de ancho, ubicado entre Irán y Omán, suele manejar alrededor del 20% de los envíos globales de crudo y gas natural licuado.
Los precios del petróleo cayeron un 15% hasta alrededor de 95 dólares por barril tras el anuncio de la tregua, mientras que los futuros del gas en Europa bajaron un 17% hasta los 45 euros por megavatio-hora. Sin embargo, ambos productos siguen significativamente por encima de los niveles previos al conflicto, que eran de 60 dólares para el petróleo y 30 euros para el gas.
Hemos sido claros: cuanto más dure la guerra, mayor será el impacto en la economía global y mayor el costo humano.
Anthony Albanese y Penny Wong — SBS News
La marina iraní sigue exigiendo permiso para que los barcos transiten por el estrecho, advirtiendo a las embarcaciones por radio que el paso no autorizado enfrentaría la destrucción. De los 307 cruces totales desde el 1 de marzo, 199 fueron petroleros y gaseros, y el 80% de los cargueros estaban vinculados a Irán.
Enmarca la historia desde la perspectiva de las cadenas globales de suministro, destacando estadísticas de interrupción económica y detalles técnicos del transporte marítimo. La perspectiva de India refleja preocupación por la seguridad de las importaciones energéticas y la estabilidad regional que afecta las rutas comerciales.
Destaca el impacto económico interno, especialmente las importaciones de combustible desde refinerías asiáticas y las cadenas de suministro agrícolas. La perspectiva de Australia refleja la vulnerabilidad como nación importadora de energía dependiente de las rutas de transporte del Oriente Medio.
Se centra en las implicaciones para el mercado energético europeo y las preocupaciones de la industria naviera neerlandesa. Los Países Bajos enmarcan este tema a través de su papel como centro energético europeo y nación marítima comercial.
Destaca la volatilidad del mercado y las interrupciones en las cadenas de suministro industriales. La perspectiva de Alemania refleja las preocupaciones sobre la seguridad energética y los impactos en el sector manufacturero, la mayor economía de Europa.
Aproximadamente 172 millones de barriles de petróleo siguen flotando en el mar a bordo de 187 petroleros, lo que, según la Agencia Internacional de Energía, representa la peor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero. Los flujos diarios se han desplomado de 20 millones de barriles en tiempos de paz a solo 2,6 millones desde el 1 de marzo.
Las grandes empresas navieras siguen siendo cautelosas a la hora de reanudar operaciones. El gigante danés de contenedores Maersk informó que está trabajando para evaluar las condiciones de tránsito, pero carece de garantías de seguridad suficientes. La cobertura de seguros, las tarifas de tránsito iraníes y posibles violaciones de sanciones complican cualquier retorno a la normalidad en el transporte marítimo.
La crisis comenzó el 28 de febrero, cuando los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán desencadenaron represalias y restricciones en el estrecho. Más allá del petróleo, el bloqueo ha interrumpido las cadenas globales de suministro de fertilizantes, helio y otros materiales esenciales, ya que aproximadamente un tercio del fertilizante mundial suele pasar por esta vía.
Los daños en la infraestructura energética en Oriente Medio agravan la interrupción del suministro. Las refinerías kuwaitíes sufrieron daños significativos, mientras que Catar perdió aproximadamente el 17% de su capacidad de exportación de GNL. Solo las reparaciones de las instalaciones gasísticas cataríes podrían tomar entre tres y cinco años.
La naturaleza temporal de la tregua deja a los mercados en incertidumbre sobre la estabilidad a largo plazo. Analistas energéticos advierten que, incluso con la reapertura condicional del estrecho, el enorme retraso de barcos y los daños en la infraestructura impedirán un rápido retorno a los flujos normales de energía global.