En la Uganda rural, el viaje de Martha Apolot como madre comenzó con aislamiento y rechazo. Cuando su hijo Aaron nació con discapacidades, su familia y comunidad le dieron la espalda, dejándola enfrentar los desafíos complejos de criar a un niño con necesidades especiales en una sociedad donde la discapacidad frecuentemente conlleva un estigma profundo.

La experiencia de Apolot refleja una realidad más amplia en muchas partes de Uganda y el África subsahariana, donde las creencias culturales y los recursos limitados crean barreras adicionales para las familias que cuidan a niños con discapacidades. Las comunidades tradicionales pueden ver la discapacidad a través de la lente de la superstición o la vergüenza, frecuentemente culpando a las madres por las condiciones de sus hijos.